lunes, 22 de marzo de 2010

La palabra de hoy es s e ñ a l II .

Dime, si de aquí a la eternidad,
o si no nos quean ya ni tres telediarios.
Dime, si empezó la cuenta atrás
o debemos de tashá otra fesha del calendario.

Somos dos signos del mismo día,
dos pistolas de mentira enfrentadas en un duelo.
Dime, si te trato de olvidar o si tengo que pensar
que siempre volvemos de nuevo.

Dueños del deresho a un bis a bis,
de dos penas por cumplí,
de un billete de retorno.

Locos, por querernos sin querer,
por colarnos otra vez en la fila de los tontos.

Somos los dos polos de una noria,
los dos protas de una historia de malos y de buenos.
Dime, si te trato de olvidar o si tengo que pensar
que siempre volvemos de nuevo.

Que siempre nos ganan las ganas,
porque a los dos nos gusta dormí
en el mismo lao de la cama..

[Toni Zenet]



Odio estar empezando a pensar que ojalá no te hubiera conocido nunca.
Es negar todas mis ganas de aumentar, de aprender, de mejorar, de ver.
Pero si llego a saber que todo acabaría de esta manera, vuelvo a estar en el principio, porque no-sé-nada.
No es tan jodidamente fácil entrever nada, ni siquiera inventármelo, detrás de esa burbuja en la que te han amurallado ella y esa comodidad incomprensible que, por lo visto, implica. Ni es tan jodidamente fácil admitir que, quizá, mi imaginación haya volado demasiado lejos al pensar que habría alguna s e ñ a l .
Pero no me hace falta nada más para saber que, mientras ese tipo de comodidad esté presente, yo no podré tener ninguna. Y me da igual si es egoísta, porque me limito a gritarlo desde un teclado, y no tengo que dar más eksplicaciones a nadie.

No quiero engañarme más, pero está bastante claro que el ser un culillo de mal asiento (me encanta la palabra culillo) es lo que me espera hasta que esto termine. Ya he abierto la veda, la puerta que sé que me conducirá por un camino definitivamente diferente. Pero es que no termino de asumir esto de vivir mi vida, oiga. Y sin ti, menos. Será que, te haya conocido más tarde o más temprano, ese abismo insalvable se me clava cada día más, y la palabra deber se difumina peligrosamente para que traerla de regreso no (me) pase desapercibido.

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