viernes, 23 de octubre de 2009

Me acuerdo de todo con exactitud. Era un quince de mayo: la primavera se retrasaba, el cielo amenazaba lluvia, y tú gritabas.
[...]
Dejaste Boston para trasladarte a París, a un piso pequeño de la calle de Faubourg Saint-Denis. Yo te enseñé el barrio, mis bares, mi colegio; te presenté a mis amigos, a mis padres; escuché los textos que tú ensayabas, tus cantos, tus esperanzas, tus deseos.. tu música. Tú escuchaste la mía; mi italiano, mi alemán, mis pinitos de ruso. Yo te regalé un walkman; tú me regalaste una almohada; y, un día, me besaste.
El tiempo pasaba, el tiempo volaba y todo parecía tan fácil, tan sencillo, tan libre, tan nuevo y tan único; íbamos al cine, íbamos a bailar, íbamos de compras, reíamos, tú llorabas, nadábamos, fumábamos, nos afeitábamos, de vez en cuando tú gritabas sin ningún motivo, o con motivo a veces. Sí, a veces tenías motivo.
Yo te acompañaba al conservatorio, yo estudiaba para mis exámenes, yo escuchaba tus ejercicios de canto, tus esperanzas, tus deseos, tu música. Tú escuchabas la mía; los dos estábamos cerca, tan cerca, siempre tan cerca. Íbamos al cine, íbamos a nadar, nos reíamos juntos, tú gritabas, con motivo a veces, y otras sin motivo. El tiempo pasaba; el tiempo volaba.
Yo te acompañaba al conservatorio, yo estudiaba para mis exámenes, tú me escuchabas hablar en italiano, en alemán, en ruso, en francés; yo estudiaba para mis exámenes, tú gritabas, a veces con motivo; el tiempo pasaba, sin motivo; tú gritabas, sin motivo; yo estudiaba para mis exámenes, mis exámenes, mis exámenes. El tiempo pasaba, tú gritabas, tú gritabas, tú gritabas.
Yo iba al cine.

[París, je t'aime]

1 comentario:

  1. En realidad, no soy nadie a quien tú conozcas. Como buen navegante, voy surcando la red, y sin querer, encallé en tu blog, me gusto, y decidí poner un comentarios, pues en cierto modo, siempre es del gusto de uno conocer gente y aprender de la misma.

    Por cierto, eres la primera persona que tacha mis entradas como positivas.

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