Asusta ver qué bien hemos asumido que toque abrigarse otra vez.
Me asusta ver con qué facilidad vuelvo a esconderme dentro de una sudadera al dar un paseo en solitario. Me reconforta el calor en las clavículas, así como que vuelvan a enfriarse por un simple roce de la cadena que pende de mi cuello.. para volver a calentarse en menos de un segundo, al tacto del algodón.
Asusta ver qué bien he asumido que me provoques eso por fuera... pero, sobre todo, por dentro.
martes, 22 de septiembre de 2009
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