martes, 22 de septiembre de 2009

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Asusta ver qué bien hemos asumido que toque abrigarse otra vez.

Me asusta ver con qué facilidad vuelvo a esconderme dentro de una sudadera al dar un paseo en solitario. Me reconforta el calor en las clavículas, así como que vuelvan a enfriarse por un simple roce de la cadena que pende de mi cuello.. para volver a calentarse en menos de un segundo, al tacto del algodón.

Asusta ver qué bien he asumido que me provoques eso por fuera... pero, sobre todo, por dentro.


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