Una vez quise ser un palíndromo. Alguien a quien incluso yo misma pudiera leer del derecho y del revés.
Incluso lo hice saber.
Otro día, más tarde, estuve a punto de conseguirlo. Aunque no era yo quien me leía. Ahora que quiero darme cuenta, quien me leyó está lejos y con una gruesa venda que teme quitarse porque sabe que puede hacerlo. (Con lo cual, no es una venda de verdad).
Después de casi dos años, al pensar en palíndromos me da la sensación de que nunca llegaré a ser uno de verdad;
nunca lo había visto todo tan rojo y tan turbio.
A los dos nos va a tocar r-e-c-o-n-o-c-e-r.
Incluso lo hice saber.
Otro día, más tarde, estuve a punto de conseguirlo. Aunque no era yo quien me leía. Ahora que quiero darme cuenta, quien me leyó está lejos y con una gruesa venda que teme quitarse porque sabe que puede hacerlo. (Con lo cual, no es una venda de verdad).
Después de casi dos años, al pensar en palíndromos me da la sensación de que nunca llegaré a ser uno de verdad;
nunca lo había visto todo tan rojo y tan turbio.
A los dos nos va a tocar r-e-c-o-n-o-c-e-r.
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